martes, 22 de abril de 2014

VERGÜENZA TORERA



Me encantan los toreros…y las toreras, claro, aunque ¡Hay tan pocas!

Pero los toreros…¡Qué estampa! Qué machos! Que figura! Y cómo marcan paquete!

Me encantan cuando, con ese aire de chulos saludan al público con la montera en la mano, y luego, si le dan un beso y se la dedican a una mujer con peineta y clavel en el pelo, y si puede ser tonadillera, mejor, es que te mueres. Es que se me abren las carnes de la emoción.

Me encantan los toros. Esos animales majestuosos, símbolo de la nobleza, de la fuerza, del coraje, de la virilidad.

Esos sementales que viven a cuerpo de rey, campando por las dehesas, bien limpios, bien alimentados y mejor cuidados, que mueren como héroes, después de haber luchado, soportado la tortura de las banderillas, los engaños del capote, la saña del picador ante un público enfebrecido que pide sangre.

¡Qué emoción, cuando finalmente la doblan, caen abatidos y son arrastrados por las mulillas, con sonidos de cascabeles, para ser descuartizados en los aledaños de la misma plaza.

Me encanta ese público amante de la estética de la muerte, refinado, que sufre en cada capotazo y disfruta al mismo tiempo de tanto arte.

Esas mujeres que se tapan los ojos cuando ven en peligro a sus iconos sexuales o cuando su sensibilidad no les permite ver tanta sangre.

Y esa cantera de niños y niñas que se curten en la violencia del espectáculo o en las escuelas de tauromaquia…

No me extraña que sea la fiesta nacional: tiene todos los ingredientes de nuestra España cañí y cani:

Clase: sol y sombra, como la vida misma.
Exaltación del macho ibérico: ¡Olé!
Dominio de la razón humana sobre la naturaleza.
Nacionalismo español a ultranza: Ya lo dice el pasadoble: ¡Qué viva España!

¿Qué se habrán creido esa panda de “lanúos y lanúas” que pretenden acabar con nuestra seña de identidad ante el mundo mundial?

¿Qué clase de ecologismo pretende acabar con una especie que es nuestro orgullo, solo comparable a nuestro lince ibérico o nuestro urogallo?

¿Acaso pretenden acabar con la fuente de inspiración de nuestra copla, de nuestro cine de barrio, nuestras revistas del corazón?

Señor Rajoy: Sugiero que el próximo año, en la declaración de la renta, haya una casilla para contribuir, quien lo desee, a subvencionar la fiesta nacional, como la hay para la Iglesia; que en las escuelas se incluya una asignatura de Educación para la torería; que en nuestra bandera, de sangre y albero, en lugar de la olvidada águila imperial, se instaure una cabeza de toro, con sus cuernos al sol.

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